La obra estudia el fenómeno de la desinformación desde la perspectiva del Derecho constitucional, poniendo especial atención en cómo la expansión de la inteligencia artificial (IA) está modificando la producción, circulación y consumo de información. La autora parte de un problema que no es completamente nuevo: la desinformación, la propaganda, las noticias falsas y la manipulación de la opinión pública han acompañado históricamente a las sociedades democráticas. Sin embargo, la revolución digital ha cambiado radicalmente su alcance, velocidad y capacidad de personalización. En este contexto, la inteligencia artificial introduce nuevas posibilidades de creación y difusión de contenidos engañosos, entre ellas los deepfakes, la microsegmentación y las técnicas automatizadas de persuasión.
